lunes, 18 de mayo de 2009

VIENTOS DEL OESTE
Se denominan vientos del oeste (Westerlies en inglés) a los vientos constantes o planetarios que se producen de oeste a este en las latitudes subtropicales y medias de las zonas templadas en latitudes entre 30 y 60 grados de ambos hemisferios. A grandes rasgos, su trayectoria coincide con la de las corrientes oceánicas cálidas de las zonas templadas y vienen a cerrar hacia las altas latitudes el bucle iniciado por los alisios del lado del ecuador. Ambos tipos de vientos rodean los anticiclones dinámicos que se presentan en los océanos en las latitudes subtropicales y tropicales (por ejemplo, el anticiclón de las Azores en el Atlántico Norte). Una gran proporción de la superficie terrestre de continentes e islas, sobre todo, del Hemisferio Norte, tiene un clima que pone de manifiesto la influencia moderadora de estos vientos, especialmente en las costas occidentales de las latitudes medias en Europa, América del Norte, sur de Chile, Tasmania y Nueva Zelanda.
Los vientos del oeste pueden ser en particular fuertes, especialmente en el hemisferio austral, dónde hay menos tierra en las latitudes intermedias para causar fricción y retarde los vientos. Estos vientos alcanzan su máxima intensidad entre los 40º y los 50º de latitud en ambos hemisferios, lo que ha dado origen a la denominación de The roaring fourties en la terminología empleada por los marinos ingleses, que ha terminado por pasar al lenguaje marinero universal. Al llegar cerca de las costas europeas, por ejemplo, la distinta presión atmosférica, temperatura y humedad entre el océano y el continente, genera frentes cálidos procedentes de los océanos, tormentas y galernas de gran intensidad.
Estos ocurren en las zonas de calmas subtropicales o latitudes de caballo, en las latitudes de 30°. Son regiones situadas entre los vientos alisios y los predominantes del oeste. En esta zona los vientos son generalmente suaves y calmados. De las zonas de calmas subtropicales, una parte del aire superficial regresa al ecuador y otra lo hace a lo hace hacia los polos. La fuerza de Coriolis desvía estos vientos hacia el este en ambos hemisferios. Estos vientos superficiales soplan del oeste al este y se denominan vientos prevalentes del oeste o vientos del oeste en ambos hemisferios. Entre las latitudes de 30° a 60°, los sistemas móviles de presión y las masas de aire asociadas ayudan a transportar la energía. La mayor parte del aire húmedo de las regiones del sur se desplaza hacia el norte. Esta humedad se condensa y libera la energía que ayuda a calentar el aire en las latitudes del norte.

El hombre y el clima. El fin específico de la arquitectura es proveer al ser humano de confort. Este se manifiesta en diversas formas, según a cultura, y muchas veces son características particulares; pero siempre deben predominar los factores sicológicos. Para hablar sobre el confort térmico, primero tenemos que hablar de una serie de disciplinas que tienen que ver con el comportamiento del organismo humano ante un determinado estímulo, el comportamiento de los materiales y las influencias de estos sobre el hombre y la arquitectura

Nada demuestra tan cabalmente como el monzon cuanto depende el hombre de los vientos. En el verano se caliente la gran masa del Asia central; el aire se dilata y se forma una vasta zona de baja presión que absorbe aire de grandes distancias, hasta de Australia. Este aire, al pasar sobre el mar, recoge humedad, que vierte luego en forma de lluvia sobre Malasia, la India, Japón y otras regiones. Con regularidad sorprendente, junio señala la entrada de la estación lluviosa y se inicia la siembra. Los indígenas salen por millares a los campos resecos o a las calles de las ciudades para que les caigan en la cara las primeras gotas de agua y para dar gracias por este milagro que se repite cada año. En invierno, al enfriarse el continente asiático, se enfría también el aire que esta en contacto con el, se forma una zona de alta presión y comienza el desplazamiento del aire. Cuando este choca con la enhiesta muralla del Himalaya, suelta en forma de nieve la humedad que contiene. Cuando llega a la India ya es aire seco, sin nubes. Durante seis meses brilla el Sol. La estadística de la precipitación pluviométrica es muy reveladora: en marzo se puede decir que no llueve nada en Bombay, mientras que en julio el índice es de 635 milímetros. Entre los vientos locales mas interesantes se cuentan los favonios. Al pasar sobre las montañas, los vientos húmedos se enfrían y dejan caer la humedad que llevan; luego descienden por el otro lado de la cordillaer, y al comprimirse se calientan. Así, el viento frió y húmedo de una vertiente montañosa se convierte en viento seco y calido en la otra vertiente. Este efecto del favonio se observa en muchos lugares de la Tierra, pero el ejemplo más espectacular es el que se denomina chinook en la provincia canadiense de Alberta y en el estado norteamericano de Montana. Sobre el flanco occidental de las montañas Rocosas este gran viento marino deposita nieve o lluvias que alimentan los ríos y canales de riego.

La posición estratégica del país en la zona tropical, hace que su territorio sea partícipe de las mayores proporciones de energía que el sol le transfiere a la Tierra. Justamente en los trópicos se absorbe la mayor parte de la energía solar que luego se transfiere a la atmósfera, configurándose de esa forma el motor que determina el desplazamiento del aire entre las latitudes ecuatoriales y polares, mediante una circulación meridional.

Cerca de superficie, en la zona tropical se desarrollan vientos provenientes del noreste y del sureste, denominados Alisios, como consecuencia del efecto Coriolis generado por la rotación terrestre en torno al eje que pasa por sus polos. El encuentro de estos vientos cerca al ecuador obliga al aire cálido ecuatorial a elevarse, según la denominada rama ascendente de la celda de Hadley. Este movimiento ascendente provoca un enfriamiento del aire por expansión, condición que favorece la condensación y por ende, el desarrollo de las nubes.

En la alta troposfera, ese aire se aleja del ecuador bajo la forma de una corriente de retorno hacia los polos y de nuevo la fuerza de Coriolis interviene provocando una desviación de esta corriente. En el hemisferio norte, la dirección de esa corriente se orienta progresivamente hacia el Noreste; en el hemisferio sur se orienta al sureste. Una parte de este aire de retorno desciende en los cinturones de altas presiones subtropicales, hacia los 30 grados de latitud (Fig.2), provocando un calentamiento del aire por compresión y reduciendo el desarrollo de las nubes. En las proximidades de la superficie, los vientos en dichas regiones son generalmente variables y débiles antes de constituirse en vientos alisios que luego alcanzan el Ecuador. De esta manera se forma en cada hemisferio un circuito meridional en el movimiento del aire, a través de una amplia célula conectiva conocida como Celda de Hadley.

Otra parte de la corriente de retorno que viene del Ecuador no sufre ese movimiento de descenso en las latitudes de 30 grados y continúa su desplazamiento hacia latitudes más altas, hasta que la acción persistente de la fuerza de Coriolis transforma esta corriente de retorno en un flujo del oeste en las latitudes medias.

En la circulación zonal a lo largo de los paralelos, se destacan tres zonas de convección y lluvia localizadas sobre el trópico (Fig. 3): la primera sobre la región del Congo en África, la segunda sobre la Amazonia y la tercera sobre el Sudeste Asiático donde también se encuentran las aguas oceánicas más cálidas.

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